Deuda: ¿está Standard & Poor’s equivocada?
La semana pasada S&P rebajó el rating de la deuda soberana española (esto es, la deuda que emite el gobierno) hasta AA. Para hacernos una idea, hay dos niveles más por encima: AA+ y AAA. Efectivamente, cuantas más As mejor. Hay muchos niveles por debajo de nosotros pero la verdad es que bajar a BB+ es un desastre (nivel Grecia, 6 niveles por debajo de nosotros). Empecemos por recordar que lo que dice S&P no es palabra de Dios, sino la valoración que hace del riesgo de impago de la deuda española una empresa que se dedica a eso, a evaluar riesgos, y que tampoco es que se haya lucido valorando activos en los tiempos precrisis. Dicho esto, y como apuntaba el profesor Montalvo en una entrevista reciente, que el gobierno critique la credibilidad de S&P por no haber predicho la crisis es realmente de chiste (o muy pero que muy cínico).
Así pues, ¿Cuál es la consecuencia de que S&P rebaje nuestro rating? Básicamente, que al gobierno (o sea, a nosotros) le saldrá más caro pedir prestado. Por lo que la clave de todo el asunto es: ¿tiene razón S&P?
Yo creo que sí, y voy a intentar exponer los motivos. España tiene una deuda pública bastante baja en comparación a los países de alrededor: poco más del 50% del PIB; sin embargo, la deuda total, pública+privada (gobierno + familias y empresas) es de las mayores de los países desarrollados: más del 350% del PIB. Para hacernos una idea, deberíamos destinar todo lo que produce España durante 3 años y medio a pagar la deuda para cancelarla. ¿Y por qué importa también la deuda privada si estamos hablando de la calificación de los bonos que emite el gobierno? Fácil: si la economía no crece (cosa que suele pasar cuando está terriblemente endeudada) no se generan tantos impuestos, el gobierno recauda menos, y le es más difícil ir devolviendo lo que debe. Así pues, la elevada deuda privada es el primer motivo. Imaginen ustedes que viene una empresa, llamémosla X, a pedir prestado. Les muestra su balance y, efectivamente, dado el tamaño de la empresa, no está excesivamente endeudada. Piensa si darle el préstamo o no, pero se le ocurre una pregunta: ¿cuáles son sus clientes? Y la empresa X le responde: empresas constructoras. ¡Cuidado! Porque es verdad, la empresa X no está muy endeudada… ¡pero sus clientes lo están hasta las cejas! ¿Cómo va a generar ingresos la empresa X si sus clientes estarán ocupadísimos pagando sus propias deudas a sus bancos y no les quedará para seguirle comprando?
El segundo es, cómo no, el paro. La tasa española ha rebasado ya el 20%, con lo que el gobierno tiene muchas más cosas a pagar (en concreto, un subsidio a más de 4 millones de personas) y, como antes, no ingresa impuestos (IRPF) de éstos.
Aunque una tasa del 20% parece un buen motivo para que los inversores desconfíen, el problema gordo de verdad es que esto no tiene pinta de descender a niveles precrisis en pocos años: en el momento de mayor borrachera económica, el paro bajó hasta el ¡8%! Fácilmente podemos imaginar que, en una situación normal, España no bajaría del 12%. En otras palabras, estos subsidios los tendrá que estar pagando mucho tiempo, En fin, menos dinero para pagar la deuda. Para ilustrarlo con nuestra empresa X, es como si ésta tuviera unos gastos enormes aparte de los normales, como por ejemplo otra deuda que le pidió a un usurero y que éste le cobra a un interés astronómico. Estos gastos extra a los que tiene que hacer frente ahora y durante al menos unos pocos años complicarán sobremanera que le devuelva lo que le preste.
Estas dos situaciones nos llevan a entender que España tiene un déficit público primario estructural muy alto. Traducido, que la diferencia entre ingresos y gastos del gobierno en condiciones normales (y SIN CONTAR el pago de intereses de la deuda) es muy alto, probablemente por encima del 3% del PIB. O sea, que sin reformas estructurales el gobierno necesita pedir prestado en situaciones normales: ¿cómo prestarle, entonces, cuando le va mal?
Esto nos lleva al gran problema: si no se hace nada, las cuentas públicas seguirán deteriorándose aunque la economía deje de caer y empiece a remontar. Siguiendo con nuestro ejemplo de la empresa X, ¿le prestaría a ésta si sabe que, aunque se recupere, seguirá perdiendo dinero? Of course not.
Para prestarle a esta empresa X, le pediríamos que hiciera algunos cambios. En concreto, le pediríamos que intentara incrementar sus ingresos y reducir sus gastos. Pues bien, el gobierno ya ha dicho que lo va a hacer: ha presentado un plan donde se unen la subida del IVA (incremento del ingreso) con un recorte de 15.000 millones en 3 años. Lo de los 3 años es porque, en 2013, se supone que vuelve alguna de las “condiciones” para estar en el Euro: límite del 3% de déficit (en 2009 fue del 11,4%). Así pues, si el gobierno ya ha prometido que va a hacer algo para reducir el déficit, ¿por qué es correcta la rebaja del rating? Pues por problemas de credibilidad del gobierno (“aprobaré el Estatut…” ah, no, esto era otra cosa), y porque las reformas necesarias para llegar a una situación sana no se atajan: nada sobre acabar con la dualidad del mercado laboral español, nada sobre el sistema de pensiones que puede obligar a subir contribuciones en 10-15 años, la reestructuración de las cajas está yendo mucho más lenta de lo ideal, y nada sobre una reforma profunda en la educación para conseguir de una vez por todas ser una economía del conocimiento. Los mercados lo ven, S&P lo ve, y por eso creen que el gobierno podría llegar a tener algún problema (la probabilidad es baja, al fin y al cabo AA es una buena calificación) para devolver la deuda. ¿Y quién puede culparles?